Si no lo cuentas es como si nunca hubiera sucedido...

lunes, 2 de julio de 2012

Hola, me llamo María y he celebrado el triunfo de La Roja

Leo la prensa nacional y, en ocasiones, la internacional, cada mañana desde mi ordenador. He acudido a todas, repito, a todas las manifestaciones que ha organizado el movimiento 15M en mi ciudad. Participo en las asambleas aportando ideas con el fin de intentar mejorar la actual situación del país. Colaboro con mi barrio, ONGs y centros de ayuda a la comunidad.

Miro con preocupación cada día los datos sobre la prima de riesgo, el desempleo, las reformas del Gobierno, la manipulación que ejercen los medios, los recortes, las subidas de impuestos, de tasas Universitarias, el copago farmacéutico,…

Me marché muy lejos de mi casa para encontrar un trabajo. Llevo ya muchos años trabajando mucho y muy duro. Pero, a pesar de todos los esfuerzos, con casi 30 años no puedo comprarme una casa, ni un coche, ni arreglar la cocina, ni comprarme una tele nueva,… (y no sabéis la mierda de tele que tengo!) El dinero que hay es para ahorrarlo porque todos auguran que lo que está por venir va a ser mucho peor. Formo parte de la llamada “Generación Perdida” así que mi futuro no es muy alentador.

Pero llega el Domingo, la selección de fútbol de mi país gana la Eurocopa, y durante un par de horas celebro el triunfo de mi equipo pero…. TÓCATE LOS COJONES! Resulta que según muchas voces en twitter, facebook, meneame, etc. soy una frívola por ello!!!

No señor, tengo derecho a unas horas de felicidad.

Por supuesto que me preocupa el incendio ocurrido en Valencia y las circunstancias que lo rodean. Es una catástrofe y siento una enorme tristeza por el daño medioambiental y social que ha causado. Además me avergüenza ver como el Presidente de este país ha preferido ir a ver el partido antes que asistir a prestar su apoyo a los afectados. Pero el hecho de que celebre durante unas horas un éxito deportivo no significa que no me preocupe todo lo que sucede a mi alrededor.

Entiendo a quienes critican a este gobierno por intentar vender a la opinión pública la grandeza de este país por su éxito en la Eurocopa. También a mí me cabrea ver cómo hay gente a quienes les importa un pimiento todo lo que está sucediendo a su alrededor y su máxima preocupación se centra en ver a su equipo en el puesto más alto en la liga. Incluso entiendo a aquellas voces críticas con la desorbitante suma de dinero que se han embolsado los jugadores por la victoria en el campo, convirtiendo el deporte en negocio o, dicho de otro modo, trasladando el ocio al negocio. Pero de ahí a ridiculizar a todos aquellos que vimos el partido o el hecho de celebrar una victoria deportiva ... es ser un poquillo radical, no???

lunes, 9 de abril de 2012

Volar no es Humano

Todo empieza en el momento de dar a imprimir el billete. De pronto me invade una enorme sensación de alegría. “Ya tengo los billetes!”, pienso. “Vamos que nos vamos!” empiezo a gritar. Hasta que de pronto, en medio de tanta euforia, me sereno y pienso “Mierda, ya no hay marcha atrás. Estoy condenada a volar”.

Los días previos al viaje empiezan los primeros síntomas. Tengo unos extraños sueños repetitivos de accidentes aéreos, investigo sobre el modelo en concreto en el que voy a volar y, os voy a reconocer aunque me avergüence, consulto una web que te dice el % de siniestralidad del modelo. Sí lo sé, no es normal.
Y llega el día en el que tienes programado el vuelo y ahí empieza mi show particular.

Ya sólo hacer la maleta me estresa. Yo nunca facturo, por principios, del mismo modo que nunca pago por la bolsa del super. Así que monto unas logísticas impresionantes para poder meter todo lo que quiero llevar en esa micro-maleta diseñada para no facturar.

Cojo el teléfono y empiezo: “Ricardo, ¿llevas líquido de lentillas?”, “Mamá, ¿qué perfume usas últimamente? ¿usas pasta de dientes blanqueante o de las que dan frescor” “¿Qué tono de maquillaje usas?” “Jolín, mamá, que hay que tomar más el sol!”

La verdad, no sé para qué me organizo tanto. Da igual lo bien que te lo montes, cuando llegas a las puertas de seguridad todo falla.
Policía: Señorita, lleva usted un líquido en su maleta.

La Mery: Sí, un miserable desodorante, señor policía.
Policía: Eso es considerado un arma de destrucción letal, Señorita. Es de más de 100ml.

La Mery: Señor policía, serénese, está por debajo de la mitad, ya sólo le quedan 50 ml a lo sumo. Y lo que puede ser un arma de destrucción masiva es el olor de mi sobaco si me deja de turismo por Madrid en pleno mes de agosto.
Policía: Pues entonces tendrá que facturarlo, señorita.

La Mery: Señor, con todos mis respetos, señor, eso es una solución de  mierda, señor.



El Poli se queda tu desodorante, como no. Estoy convencida que el tío que montó Sephora y Juteco era un poli aeroportuario retirado…
Pero aquí no acaba la historia.

Policía: Señorita, antes de pasar por el arco debe usted quitarse la botas, el cinturón, el abrigo, la chaqueta, colgantes, pendientes y las horquillas del pelo.

La Mery: Disculpe Señor, ¿el tampax me lo puedo dejar, Señor?

Policía: Señorita, una palabra más y la detengo por faltar a la Autoridad. Lo que acaba de decir es un ataque a mi integridad.

La Mery: Señor policía, lo que es un ataque contra la integridad es dejarme aquí en camiseta interior, descalza, con los tomates de los calcetines a la vista de todo el aeropuerto, y completamente despelujada. Que llevo una hora en mi casa haciéndome el moño para que mi madre me vea mona cuando llegue a Madrid.

Tras el bochornazo y haber vivido en mis propias carnes (esas carnes que medio aeropuerto ya me ha visto) lo que se siente siendo un terrorista chiíta, llego a la zona de embarque, aquella zona en la que ya no hay marcha atrás. Ya no puedes regresar. Estás ahí prisionera entre los restaurantes de comida rápida y el Dutti Free. Y piensas, “mierda, no me he fumado un cigarro!”

Me esperan dos horas de agonía, viendo despegar aviones con ese sonido ensordecedor, con el estrés de la gente corriendo, los cabreos de quienes les han cancelado el vuelo, las carreras para cambiar de puerta de embarque y…. ¿no me puedo fumar un miserable cigarro?

Me relajo y pienso “Va María, vayamos a tomarnos un café hasta que llegue la hora”. Pero claro, la cafeína sólo lo empeorará todo. “Bueno, tranquila, no te agobies, vete al bar y tómate una caña, que eso te deja tonta”. Pero claro, cómo me voy a tomar una caña si no me puedo echar un piti!. “Olvida la idea, Mery, vete al Dutti Free. Nada te relaja más en este mundo que las compras”. Pero si el Dutti Free está lleno de cartones de Lucky Strike!!!!

El rato termina pasando, normalmente tras optar por la opción caña, y acabo montándote en el avión. Cuando llego a mi asiento y veo a mis acompañantes no puedo dejar de pensar “Angelito…. Este señor con pinta de ejecutivo que me saluda, que me ayuda a subir la maleta, que me sonríe por que espera tener un viaje agradable a mi lado… no sabe lo que está a punto de suceder”

Yo creo que, del mismo modo que hay fotos de terroristas en las estaciones de autobuses, en los despachos de las multinacionales de este país tienen fotos mías de esta guisa:

Y bien que hacen… Les pido que me den la mano, se la aprieto cual parto múltiple, les pido que me hablen, que se callen, les pregunto si han oído ese mismo ruido que acabo de escuchar, les robo todo los folletos para abanicarme,…. Quien se haya montado conmigo en un avión sabe que no estoy exagerando.

Una buena estrategia que tengo para pasar el mal rato es tomarme una cervecita del bar del avión. Le sonrío y le digo al ejecutivo del al lado “jejjeje… pa que se me pase le disgustillo…”

El ejecutivo me mira raro…

Y tras todo este sufrimiento (sobre todo por parte del ejecutivo), toco tierra y aplaudo. Sí ya sé que es cutre, pero a mí me gusta aplaudir. Esos aplausos son música, celebramos que seguimos vivos… Es un canto a la vida!!

En ese momento, el empresario me comenta que quizás debería ver a un especialista. Me da la tarjeta de un conocido que lleva este tipo de trastornos. Le doy la mía. Él me sonríe, pero no me da la suya. Si es posible, volará con cualquier otra compañía en la que yo no pueda aparecer.

Y aparezco en Barajas. Moña perdida de tanta cañita, despelujada y a medio vestir todavía. Me monto en el coche de mis padres y empieza el rally por la M30. Pero eso no me preocupa, aunque sé que la probabilidad de morir es enormemente mayor. ¿Por qué? Pues no lo sé. Creo que es porque a este piloto le conozco. Pongo mi vida en manos de alguien en quien confío y no en un piloto que no he visto en vida. O quizás porque si me la pego con el coche, igual la cuento, pero en el avión…. No hay “tu tía”.

Básicamente creo que es porque, como ser humano que soy, me gusta ir por la tierra y no por el aire.

sábado, 17 de marzo de 2012

El Facebook y Nuestra Reputación. Adiós a mi carrera política.

Durante una parte importante de mi vida, concentrada fundamentalmente entre los 12 y los 20 años, mi reputación fue el sentido de mi existencia.

Nadie sabe los esfuerzos que he tenido que hacer por ser “guay”… Sobre todo económicamente, porque no creáis que es barato cambiar el armario ropero cada vez que los vientos soplaban de un lado diferente.

Yo he sido de todo:

Pija Cortijera, enfrascada en un maloliente Barbur que parecía que iba a salir a cazar ciervos.

Choni de pueblo. No creáis que aquello fue fácil, porque por aquella época no había en Badajoz un Bershka o un Stradivarius para conseguir fácilmente el look! Una se tenía que buscar la vida comprando aquellos pantalones de chándal con corchetes a los lados, tipo jugador de Baloncesto, como si en cualquier momento fuese a tirar de aquello y hacer un Striptease en plena calle.
Además, para completar el look, chillaba cual gitana en el mercadillo, decía tacos y ordinarieces y adoraba la música “chumba-chumba” de discoteca pastillera. Discotecas  pastilleras a las que no había ido en mi vida.

Mi madre aún recuerda aquellas Converse con tacones que me pillé en el mercadillo de Santa Pola. Menuda bofetada al buen gusto era aquello!!

Hija ilegítima de Kurt Kobain. Mi hermano me decía “para ser un grunge auténtico, te debe dar igual tu manera de vestir. Debes coger lo primero que pilles en el armario y salir a la calle”. No sabía lo que decía! Si hubiera cogido lo primero que había en el armario habría salido vestida de choni o de pija. Así que volví a montarle un show dramático a mi santa madre y fuimos al Corte Inglés a encontrar el look “el mundo me da igual, paso de todo, el suicidio es guay”.

Aquella época fue horrible. Mis pies no han vuelto a ser los mismos desde aquellas Martin’s de imitación, duras como piedras.
Además, el Smell like teen spirits molaba un montón, pero dos horas escuchando el disco y entendías por que el pobre de Kurt terminó zumbado. Así que entre tema y tema de Nirvana me ponía a bailar Mariah Carey en aquella habitación repleta de posters de Take that. Menuda esquizofrenia….

No penséis que la cosa acaba ahí, que he sido más cosas: jipi, popi, oficinista cachonda, hija de Satán,… Pero este no es el foco de lo que os he venido a contar hoy.

Yo lo que os quería explicar es la distorsión que la red social Facebook está creando en nuestras imágenes públicas. Ahora somos lo que decimos ser en Facebook y nuestra reputación depende de lo que ahí colgamos.

Señores, en Facebook no está lo que somos, está lo que queremos que la gente crea que somos. Y sobre todo, está lo que queremos que alguien en concreto (normalmente un tío que pasa de nosotras) crea que somos.

Lo que ocurre es que ese tío, así como el resto, estamos pensando “Sé que anoche, por muchas fotos que subieras, te aburriste y volviste a casa a las dos sin comerte una rosca…”
Pero claro, no sólo ese tío al que quieres demostrar que eres guay está mirando tus fotos… Las está viendo el mundo entero y quedarán ahí por los siglos de los siglos!!

En mi caso, desde que subí esta foto asumí que mi carrera política se había ido a la mierda…



Ahora resulta que Facebook tiene una aplicación que explica al mundo en cada momento lo que estás escuchando en el Spoti. Y claro, estoy muerta de miedo porque como he sido pija, choni, hija  ilegítima de Kurt Kobain, jipi, popi, oficinista cachonda e hija de Satán,… pues lo mismo me enchufo el Guantanamera, que los Creedence Clearwater, que la Pantoja, que Vetusta Morla.
Y acabo haciendo listas de Spoti de este tipo:

Tó me gusta, como a los tontos

Espero que os guste!!! Y si me ven por Facebook escuchando a la Panto justo después de los Alice in Chain, no me lo tengáis en cuenta.

sábado, 10 de marzo de 2012

Una Catalana con Jamón, Por Favor!

Así llamamos en BadaYork a lo que por estos lares denominan “el pà amb tomaquet amb una mica de pernil per sobre”.

En adelante, para entendernos todos bien, vamos a denominar a este exquisito plato un “pantumaca con jamón”.
En Badajoz para hacer el pantumaca, que es muy servido en bares para desayunar a modo de tostada, se coge el tomate, se pela y se bate junto con sal, aceite y pelín de ajo. Y con esa pasta que surge se lo untas encima a un trozo de pan que allí llamamos “Mollete”.
Un mollete, para quien no lo sepa, es lo siguiente:



Se llama mollete, porque es la forma que deja en tu cara si lo comes cada día.
“¿Por qué demonios cuenta todo esto María?”, estaréis pensando. “¿Va a hacer una nueva sección de cocina?”. No tranquilos, si queréis un buen blog de cocina tenéis el de mi amiga Elena, titulado Elena en su Salsa, que hace unas cosas la mar de ricas.

Os cuento todo esto porque la primera vez que vine a Catalunya me impactó muchísimo ver como para hacer esta exquisita receta, cogían un tomate, lo partían por la mitad, lo frotaban bien contra la tostada (o “torrada” que le llamamos aquí) y lo tiraban a la basura. Me decían los amigos: “Si quieres otra tostada, repites la operación con un nuevo tomate y punto”

En Badajoz, antes muertos que tirar a la basura el tomate. Me quedé alucinada con ese derroche de medios!  Pensé “para que luego digan que los catalanes son agarraos!”.

Y es que yo no sé si Catalunya es una Comunidad Autónoma, un Estado Independiente, una Nación o lo que quiera que se denomine. Lo que tengo claro es que no se le parece en nada a Badajoz.

Terminé la carrera, me lié la manta a la cabeza y me vine a Barcelona. Me encantaba esta ciudad… Me parecía tan Cool. En Barcelona todo parece Cool. Si a la gente del barrio de Gracia les diera por salir a la calle con un calcetín sudao en la cabeza, los calcetines sudaos en la cabeza serían cools, y media España, Francia e Italia, saldría a la calle al día siguiente con eso puesto. Estoy segura.
Me vine a Barna con una sola maleta (a día de hoy, si tuviera que volver, cargaría yo solita un Boeing 747). Aparecí tras 14 horas de viaje en aquella estación de trenes inmensa, llena de gente y… repleta de carteles en catalán! No había nada en castellano, lo prometo. No esperaba que aquello del catalán se estilase tanto! Tuve que preguntar a una jipi que pasaba por allí cómo cogía el metro para llegar a mi destino porque era incapaz de encontrar nada con aquel maldito idioma. ¿Pero no era un dialecto? ¿Por qué no lo entiendo? Pensaba mientras deambulaba llorando por aquella inmensa estación.



Al  fin logré llegar a la que sería mi casa a partir de ahora. Cuando una abandona una ciudad como Badajoz y se planta en Barna realmente espera poder vivir en esas típicas casas de gente joven que salen por la tele, tipo Friends, de color morado y con un precioso marco amarillo en la puerta




La maldita realidad te da una lección nuevamente.


En la ciudad condal todas las casas son estrechas, viejas, oscuras y caras. Pero a pesar de ello, una, con tal de estar en mitad del meollo, con tal de no perderse esa oferta de la ciudad, paga lo que sea…
Al cabo de unas horas, descubres que, a pesar de la situación, todo queda lejos.

¿Que quieres ir a al bar de moda del centro?

-          Barcelona: 45 minutos de metro
-          Badajoz: 10 minutos de autobús (si vives en las afueras)
¿Ir a trabajar?

-          Barcelona: 30 minutos de metro, 10 caminando y 15 de autobús
-          Badajoz: 5 minutos paseando (y te da tiempo de echarte un café en la Corchuela)
Y así con todo. A veces me he puesto mala (gripes, gastronteirtis,…esas cosas). Prefiero ir a trabajar que acercarme al ambulatorio más cercano… El esfuerzo es menor.

Al final te acabas haciendo a todo. La gente hace ganchillo en el metro, lee, chatea con el Smartphone, … Te acabas buscando la vida para que ese rato pase con cierta dignidad y parezca que puedes aprovecharlo.

Los primeros días, son horribles. Echas de menos todo: la familia, los amigos, la alegría, la tranquilidad, la proximidad de los sitios, la manera de vestir, de hablar, las costumbres,… Todo.

Pero de pronto un día coges la bici, te pones a pasear por la ciudad y descubres lugares que no tienen precio. Recuerdo la primera vez que me senté sola a admirar la Sagrada Familia



No podía dejar de mirarla. Era la construcción más bonita que había visto.
Otra ventaja de vivir en Barcelona es el mar. Vale que la Barceloneta es la playa más artificial de la Creación. Que aunque tenga agua, no ves una miserable gaviota o medusa y, para colmo, ni siquiera huele a mar. Pero esa sensación de salir del trabajo, coger la bici y plantarte en la playa a tomar el sol, es una pasada.

Y llega un día en que te adaptas, te unes a la masa y te acabas haciendo. Y ya no sabes de dónde eres. Vas a tu pueblo y no conoces a nadie. Aquello ya no es tu casa. Tu día a día ya no está allí. Pero está claro que de Barna tampoco eres. Lo de ser pacense se lleva tan dentro que siempre sale. Así que te resignas y piensas que eres de todas partes. “Una catalana de Extremadura o una extremeña de Catulunya”, no como digo yo.
Lo importante, como siempre digo, es ser feliz. Aquí está lo tengo, y allí está lo que soy. En Barcelona está mi casa, mi trabajo, mi amor, mi gente, mi vida,… Y me encanta ver que todo lo que aquí tengo lo he logrado por mi misma. Y allí está lo que me ha hecho ser como soy.


Mi familia



Mis amigos

Mi infancia....
Creo que no volveré (o eso pienso a día de hoy), pero no olvidaré nunca el lugar de donde vengo. Y siempre querré volver.

sábado, 18 de febrero de 2012

Cosas de Madres

El otro día una compañera que disfruta de su baja por maternidad vino a visitarnos a la oficina con su precioso bebé. Durante unos minutos aquella pequeña persona fue el centro de todas nuestras atenciones, dejando por un momento de lado el frenético ritmo del lugar de trabajo.

Pasado unos instantes la diana de todas las miradas cambió el rumbo.
De pronto, todos los compañeros depositaron su vista hacia mí y me dijeron esa mítica frase de: “ A ver cuándo te animas, tú, que ya te toca!”

De verdad, qué extraños son los Veintitantos… hace sólo unos años en la Universidad me bombardeaban con los rollos de la planificación familiar, los métodos anticonceptivos y las maternidades prematuras y ahora, apenas 3-4 años después, resulta que me tengo que poner las pilas??? Estamos locos o qué??? Esas campañas de la Uni qué demonios eran???
Una de las últimas veces que vi a mi queridísima tía Rosa, a la que desde aquí mando un beso muy fuerte, me comentó con ese plante serio que pocas veces saca pero que impresiona que tú no veas: “Pues hija, yo a tu edad me quedé embarazada de tu primo, y acuérdate de la caña que me metíais todos con que se me pasaba el arroz!”

Una se queda fría cuando escucha algo así, de verdad.
Lo más preocupante de todo, lo que realmente me ha provocado auténticos sudores fríos, es que empiezo a ver que todo aquello que para mí era incomprensible de mi madre hace unos pocos años me ha poseído y suelto expresiones de este tipo:

-          No andes descalzo que te enfrías!

-          Sécate el pelo antes de acostarte que te vas a constipar! Y tápate bien los riñones con la manta!

-          Nah… A la pera le quitas la parte pocha y eso se puede comer….

-          Ojo con el chicle, que como te lo tragues se te queda pegao a la tripa! Y bébete el zumo que se le van las vitaminas!

Sí, sí, como os cuento… Madre mía, pero si el otro día le puse Blanco España a los azulejos del baño!!! Si no eres madre, eso una no lo hace….
Y aquí viene lo mejor de todo: El otro día me sentí tentada de planchar unas bragas!! Prometedme todos que si un día me veis planchando algo como unas bragas, un calcetín o unas sábanas, me daréis un buen tortazo para que me despeje…

Estoy preocupadísima, de verdad. ¿Qué va a ser lo próximo? Coser calcetines con un huevo de madera!!

Ay Señor, pero en qué me he convertido!

Bueno mira, al final, por muchas conductas que una tenga, una no siente la llamada de la cigüeña hasta que no quiere, por mucha presión social que una tenga y muchos indicios que vaya viendo.

Lo siento, pero de momento, no tengo ni pizca de ganas.

Eso sí, aquí y ahora aprovecho para decir que, si el día de mañana los tengo, y en especial, si es niña, prometo no repetir ciertas cosas de las que mi madre me hizo pasar a mí.
Querida hija del futuro:

-          Prometo que el día que quieras empezar a depilarte no te venderé la moto de que es mejor esperarte unos años (porque si no, luego te salen más…) ni te dejaré ir a la playa con un matojo de pelos teñidos de rubio en las piernas.

-          Juro que no comerás filetes de hígado de ningún ser viviente. Por muy empanado que eso vaya y por mucho hierro que eso te pueda aportar.

-          Con esperar 10 minutos a hacer la digestión es suficiente… Báñate!

 Ahora bien, querida hija mía del futuro, que sepas… “Si eres tan mayor como para salir de fiesta hasta las tantas, también eres mayor pa madrugar”.

sábado, 11 de febrero de 2012

El Escenario está en la Calle

La primera vez que vi a Clarence vivía muy cerca de Portal del Ángel y bajaba a pasear a mi viejo perrito Burot. Mientras andaba por el carrer de Portaferrisa escuché una profunda voz africana que envolvía las aceras.

Me acerqué hasta la pequeña plaza situada en la convergencia de ambas calles y allí le vi. En aquel momento no tenía mucho público, tan sólo algún turista despistado y pocos más que pasábamos a esas horas por allí, pero sólo su voz lo llenaba todo:



Pedí un café para llevar en un bar cercano y me senté en un escalón a escucharle cantar mientras desayunaba. De vez en cuando se giraba y me dedicaba alguna estrofa de Killing me Softly.

Semanas después le encontré tocando bajo el soportal de La Caixa. Era un día de lluvia y volvía de trabajar protegida bajo mi paraguas. Llovía a mares, comenzaba a hacer frío, pero él seguía allí tocando, con su característica indumentaria estilo Hawaiana, sin importarle la ausencia de aforo en su espectáculo.

Me paré justo en frente de él, con mi paraguas, y esperé a que terminara su canción. Con una voz así frente a ti, no se siente el frío ni la humedad. Me aproximé a la funda de su vieja guitarra, le dejé 10€ y le hice con mi mano un gesto de aprobación.

Clarence debe sacar bastante dinero actuando para los turistas y transeúntes, no me cabe la menor duda, pero él toca en la calle porque le gusta la música y porque cree que es el  mejor lugar para hacerlo.

Tiempo después descubrí gracias a Internet que había sido vocalista en uno de mis grupos favoritos (08001) y que abandonó la banda para hacer lo que más le gusta, emocionar a la gente cara a cara. Participa en el proyecto Playing for Change y el año pasado abrió el XV Festival de Jazz del Palau de la Música.

Seguro que él prefiere su preciosa esquina de la Ciutat Vella.

Quizás por el mismo motivo que Clarence, porque la calle encierra una enorme dignidad como escenario, es por lo que varios componentes del grupo pacense Darksound han decidido actuar en este precioso emplazamiento.

Desde aquí animo a Ricardo, Pedro y Mudhoney a seguir con este bonito proyecto de llenar las aceras de diferentes ciudades con su música. No hace falta decir que si queréis vivir la experiencia de tocar en el escenario callejero Condal, tenéis un techo para vosotros.

Para terminar de hablar de música de calle, os dejo el nuevo descubrimiento de mi amiga Sole Noguera, quien me recomendó con mucho acierto a la cantante Zaz. Aquí tenéis un preciso tema titulado Les Passants, interpretado en uno de los enclaves más bellos del planeta: las calles de Montmartre.

lunes, 6 de febrero de 2012

Momento Palomitas: Las Pasiones

¿Que por qué hablo tanto de cine?

Decidme una escena cualquiera de Mary Poppins. La que primera que os venga a la cabeza. Me juego lo que queráis a que soy capaz de repetir palabra por palabra e imitar la entonación de cada fragmento de esa película.



Pasan los años y sigo cantando My Favorites Things de Sonrisas y Lágrimas cada vez que cocino, me ducho o hago cualquier cosa en la que no tenga que pensar demasiado...



Sin exagerar, mi hermano y yo pudimos ver más de 50 veces Pulp Fiction y disfrutar como la primera vez cada una de ellas. Nos encantaba, por que era además una película prohibida para nosotros que mi padre odiaba que viéramos.


Lloro cada vez que veo Los Puentes de Madison. Y la he visto decenas de veces. Siempre espero que ella se baje del coche y corra a abrazar a Clint en mitad de la lluvia. Sé que nunca pasará, pero siempre que la veo tengo la esperanza.



El principio de Memorias de África siempre me pone la piel de gallina. Sólo escuchar las primeras notas de la BSO ya me produce emoción. Y no puedo evitar decir cada vez que la escucho "Yo tenía una granja en África..."



Me indigno cada vez que escucho a Eliott gritar a Peter Coyote "Él vino a mí!! Él vino a mí!!!!" mientras Drew Barrymore llora al ver las flores marchitarse. ¿No lo entienden? Él fue a Elliot!!!!


Sí, no lo voy a negar. El cine es mi PASIÓN.


domingo, 5 de febrero de 2012

Aprender de los Errores

Uno de los tres pilares en los que se sustentan los valores de la empresa en la que actualmente trabajo  es “Aprender de los errores”.

Habitualmente, en mis entrevistas de selección, suelo hacer la siguiente pregunta  a los candidatos: ¿Cuál es el mayor error que has cometido profesionalmente, cómo conseguiste solucionarlo y, en caso de no haberlo solucionado, qué aprendiste de ello?”.  

Me encantaría podeos explicar aquí las respuestas que he llegado a escuchar y que, por ética profesional , no voy a desvelar en este momento… Pero os puedo asegurar que todo el mundo comete errores, se comenten cada día errores enormes y, la mayoría de la gente, tras meter la pata no se plantea qué pudo aprender de todo ello.

Cuando los candidatos pasan la selección y entran a trabajar en la empresa, el primer día les vuelvo a recalcar “No nos importa que cometas errores, partimos de la idea de que en tu paso por la empresa vas a cometerlos, pero queremos que aprendas de ellos”.

Y me quedo tan ancha… Como si aprender de los errores fuera algo tan sencillo…
Pues bien, hoy aquí voy a dar una serie de pautas para intentar conseguirlo:

EVITA LOS SENTIMIENTOS DE CULPA
Para comenzar, la primera pauta que debemos seguir a la hora de cometer un error es no asociarlo con un “fracaso” o “debilidad”.

Como consecuencia de diversas enseñanzas de carácter religioso, muy arraigadas culturalmente,
tendemos a creer que los errores son siempre la consecuencia de nuestras propias carencias, debilidades y temores, lo que suele generar sentimientos de culpabilidad. Sin embargo, debemos ser conscientes que esta asociación no es más que una imposición cultural que queda muy alejada de la realidad.
No nos fustiguemos, cometer errores no es malo. Es sano y nos ayuda a crecer.

Un claro ejemplo de lo que decimos, podemos encontrarlo en la ciencia. La ciencia, basada en métodos hipotético-deductivos, avanza gracias a los errores. Dicho de otro modo, tal como apuntaba Karl Popper: El avance en la ciencia está en falsar sucesivas teorías para así, sabiendo lo que no es, poder acercarse cada vez más a lo que es.

Hoy sabemos que la Tierra es redonda, gracias al fabuloso error que Anaximandro cometió al afirmar que nuestro planeta era plano y que, siete siglos después, Ptolomeo logró falsear.

Anaximandro (600 años antes de Cristo!!) abrió así uno de los mayores dimes y diretes de la historia de la Astronomía y fue el inicio de uno de los grandes descubrimientos de la Ciencia.


ASUME TUS RESPONSABILIDADES
En segundo lugar, encontramos el factor más determinante a la hora de aprender de nuestros errores: el reconocimiento.

Reconocer tu responsabilidad frente al error es vital para aprender de ellos.

A menudo, cuando la gente me explica a cerca de errores que han cometido, suelo escuchar:

-          No me dieron tiempo suficiente para hacer esta tareaà ¿Exigiste más tiempo para hacerla? ¿Comentaste que, esa falta de tiempo podía dar lugar a un error?
-          No tenía los medios suficientes para hacer la tarea correctamenteà ¿los pediste? ¿lo
avisaste?
-          La tarea que me asignaron está por encima de mi nivel à ¿Lo advertiste?

Tras un error siempre buscamos aquellos factores externos que nos han llevado a cometerlo, pero debemos darnos cuenta que fuimos nosotros quienes no pusimos medios para evitarlos.

En nuestro día a día profesional debemos aprender a reconocer que tanto los éxitos como los fracasos tienen un único origen: nosotros mismo. Es lo que en psicología llamamos “Locus de Control”.

El concepto de locus de control (LC) se refiere al grado con que el individuo cree controlar su vida y los acontecimientos que influyen en ella. Las personas con un LC interno se acreditan como capaces de influir en su propio destino; por el contrario, las personas con LC externo, son aquellas que lo atribuyen a la suerte, el azar o lo sobrenatural.

Los trabajadores con LC externo, suelen adoptar actitudes de conformismo, apatía, desinterés y sumisión con mayor frecuencia que los trabajadores con LC interno, que generalmente tienen un mejor desempeño en su trabajo, éxito y satisfacción. Sabemos además que Locus de Control e inteligencia son dos conceptos que van de la mano, siendo los individuos con LC interno los mejor parados.

Desgraciadamente, los estudios muestran que la mayoría de nosotros poseemos un  LC externo. Sin embargo, también hoy sabemos que el  LC es un rasgo de la personalidad que puede ser fácilmente modificado a través del aprendizaje.

ANALÍZATE. APRENDE DE TUS ERRORES
Si hemos seguido correctamente las dos pautas anteriores, estamos en disposición de llegar al punto en el que podemos aprender del error.

En este punto es donde debemos preguntarnos qué aspecto de nosotros mismo, ya sea una conducta o un rasgo de nuestra personalidad, nos ha llevado a cometer dicho fallo. Es por tanto una fase de autoanálisis, en la que no entraremos  a evaluar qué otros aspectos extrenos han podido llevarnos hasta el fracaso (a pesar de que, muy probablemente, muchos de esos factores externos hayan tenido que ver en la consecución de dicho resultado).

En este momento, es cuando, en un ejercicio de valentía y honestidad, hemos de preguntarnos: ¿en qué momento comencé a cometer fallos? ¿por qué? ¿qué los desencadenó? ¿qué tendría que haber hecho para no haber llegado hasta allí?¿alguna vez he actuado del mismo modo y ha tenido consecuencias similares? Y el más importante, si volviera a ocurrir ¿cómo tendría que actuar  para no caer en el mismo error?

Si conseguimos respondernos a estas preguntas e intentamos, en la medida de lo posible, recordarlo en nuestro día a día, es muy probable que, la próxima vez que encontremos la piedra, no tropecemos.

sábado, 14 de enero de 2012

Momento Palomitas: Up



La Sexta 3  emite un espacio de cine en el que suelen preguntar a actores y cineastas cuál es su escena favorita de la historia, aquella escena que te ha marcado o que recuerdas con especial cariño. El otro día le tocó el turno a Javier Bardem y me sorprendí bastante al escuchar como, según el actor, la mejor escena del cine eran los 10 primeros minutos de la película Up.

No la había visto, la verdad, pero me costaba imaginar que una película de Pixar para niños pudiera aparecer en un ranking como ese. Así que dejé aparcadas otras películas que tenía pendientes y me puse a verla.

Tal como dijo el actor, al cabo de 10 minutos tuve que parar el video, ir a buscar un paquete de clínex, consolar al pobre David, que estaba casi tan afectado como yo, y reconocer que era la mejor escena del cine que había visto, desbancando del número uno de mi ranking momentos tan inolvidables como el inicio de Annie Hall, el beso a su hermano de Vito Corleonne, la discusión sobre los masajes en los pies de Pulp Fiction o el diálogo del Sargento de Artillería Hartman a sus reclutas de la Chaqueta Metálica.

En ese pequeño espacio de tiempo los genios de Pixar son capaces de transmitir toda la belleza, ternura, nostalgia, tristeza y emoción que podáis imaginar. Todo ello en tono de humor y con la delicadeza y sencillez que aporta la música de Michael Giacchino.

Os dejo el enlace de la película. Para aquellos que ya la hayáis visto, estoy segura de que disfrutaréis muchísimo recordándola, como yo acabo de hacer. Y a los que no la han visto, deciros que os envidio, porque me encantaría poder revivir de nuevo ese momento.
http://www.videozer.com/video/kND8

Con la cárcel no lo pagas

Era mi momento favorito de la semana. Viernes, a las 15:30h, salía de trabajar y estaba a punto de llegar a casa para empezar a disfrutar del fin de semana. Me encanta ese momento…


Cargaba en una mano con el portátil y de otra la bufanda, cuando de pronto, pisé mal. Me fallaron los tacones, mi tobillo derecho se empezó a tambalear y sin apenas darme cuenta eché a volar.


Y me encontré allí, describiendo en el aire una parábola perfecta, sin saber por qué mis pies se habían despegado del suelo. En breves instantes iba a estamparme contra el suelo. El destino estaba escrito.  


Y en apenas milésimas de segundo tomé una decisión: giré mi cuerpo, agarré con fuerza el portátil y dejé que la gravedad hiciera el resto.


El resultado fue que aparecí tirada en mitad de un paso de cebra, con un zapato a dos metros de distancia, la bufanda en la otra acera y con toda la chaqueta manchada de barro. Eso sí, al portátil no le ocurrió nada.


 Lo primero que hice fue lo que cualquiera de nosotros habría hecho en mi lugar: Levantar la cabeza y ver si, por un casual, el tortazo había pasado inadvertido para los transeúntes y conductores que me rodeaban. Bueno, por las caras de “Face Palm” estaba claro que no.


Para quien no sepa qué es un Face Palm:









El tortazo lo vio medio Sant Antoni: Decenas de turistas sentados en una terraza, los camareros, unos mossos d’esquadra que estaban regulando el tráfico, una fila entera de vehículos que esperaban a que cruzase el paso de cebra y un montón de transeúntes que, como yo, pasaban por ahí.


Vaya bochorno!!!


Total, que como tenía medio cuerpo dolorido y la mitad de mis complementos repartidos por la calle, vi que no iba a ser cosa de segundos, así que empecé a reponerme con calma y a esperar que algún alma de las que estaban allí viniera a ayudarme.


¿Sabéis cuántos se acercaron? Ninguno. Y ya no sólo a ayudarme. Ni tan siquiera una miserable persona, de las decenas que había allí, vino a preguntarme si estaba bien. Ni los Mossos!!


Fuerte, ¿verdad? Pues ahora viene lo mejor de todo.


El conductor del primer coche de la fila que aguardaba en el paso de cebra, cansado de esperar a que me levantase, recogiera la bufanda, andase descalza varios metros para calzarme el zapato y me colgase de nuevo el maletín del portátil; cansado de todo aquello, no se le ocurrió otra manera de ayudarme que pitarme para que despejara la calzada.


¿Cómo se puede tener tan poca vergüenza? No lo podía creer. Así que, totalmente poseída por el odio, me planté frente al coche, justo delante del capó y le dediqué mi mejor cara de “Sinvergüenza, con la cárcel no lo pagas” que viene a ser algo así:



Me alejé de la calzada lentamente, tambaleándome, con los pelos revueltos, manchada de barro y cojeando… Pero con la cabeza muy alta y muy digna, eso sí!


¿Se puede ser más miserable que aquel tío? ¿Tanta prisa tenía como para pitarme? Es cierto que me lo tomé con calma y tardé un rato en salir de aquella, pero seguro que si alguien me hubiera ayudado, habría tardado menos. ¿En qué nos estamos convirtiendo?

domingo, 8 de enero de 2012

Momento Palomitas: Concursante

No soy una experta en Cine ni lo pretendo, pero me gusta tanto...

Y a veces veo películas que me entusiasman tantísimo que me veo obligada a transmitir esa euforia a los demás. Con este objetivo nace esta nueva sección de El Blog de lo que Pasa en mi Escalera que vamos a titular "Momento Palomitas".

Sí, ya sé que el nombre es bastante absurdo, qué queréis, es la tercera entrada seguida que hago y mi blog a penas tiene 3 horas de vida... Me he dejado la elocuencia en las entradas anteriores, qué le vamos a hacer...

En fin, volviendo al tema que nos atañe... (cómo se nota que soy mujer, eh? y no paro de irme por los cerros de Úbeda... Que por cierto tenía un colega en Úbeda mu majo él....)

CONCURSANTE es un thriller de acción que trata de un joven argentino afincado en España que tiene la desgracia de ganar en un concurso televisivo la mayor suma de dinero que haya repartido jamás un programa en nuestro país. ¿La desgracia? Pues sí, la desgracia. Por que el premio no es en metálico, sino en Bienes. Y está claro que si existe algo peor que el típico asesino en serie de los thrillers convencionales persiguiéndote, es que te persigan los bancos y el Ministerio de Hacienda.

Os dejo el trailer de la película para ir abriendo boca y os adelanto que en Momento Palomitas seguiremos hablando del director de esta película.

Volem un barri digne


Decía JR Jiménez que "La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos".
 
Yo vivo en un barrio muy digno, capaz de acoger a gentes de todas las nacionalidades, etnias y condiciones. Con historia, murallas, cuna de músicos y escritores que pasarán y han pasado a la historia gracias a haber descubierto el mundo a través de estas calles.
 
Yo no quiero un barrio más digno, yo quiero un barrio más limpio.
 
Ahora cito a Abraham Lincoln: “Cuando el reino es administrado con justicia y equidad, bastará su palabra para que le sea conferida la dignidad que merece”
 
Aquel que carece de dignidad es quien cree que los proxenetas, prostitutas, traficantes, toxicómanos y delincuentes de, pongamos como ejemplo, Pedralbes, barrio que está repleto de este tipo de personas, tienen derecho a una serie de servicios que no tienen los proxenetas, prostitutas, traficantes, toxicómanos y delincuentes del Raval por el hecho de ser gente humilde, pobres, “gente sin recursos”, o como queráis llamarlo para que suene mejor.
 Así pues, resumo:
-          No me gusta ese tipo de carteles
-          Un barrio humilde y sucio puede albergar tanta dignidad como el más exclusivo de la ciudad
-          Hay sinvergüenzas en todos los barrios
-          Aquí, el que no tiene dignidad, es el Alcalde


Ratones en el Raval

Esta Nochebuena el Papa Noël me ha traído unas mascotas un tanto desagradables. Se trata de una familia de ratoncitos de ciudad que han decidido acampar a sus anchas detrás de mi lavadora.


La Naturaleza es sabia y hermosa, no digo que no, pero determinadas criaturas prefiero verlas en el Discovery Channel antes que correteando por la cocina de mi casa… me entendéis, ¿verdad?


La primera noche dejamos un trocito de queso para comprobar si nuestra sospecha era cierta. Eso sí, yo, que me gusta ser buena anfitriona, no iba a dejar un trozo de queso cualquiera, y le puse a mis invitados una estupenda tapa de queso curado de oveja de la Tierra a la que poco menos me faltó que ponerle cebolla caramelizada por arriba por eso de jugar con la mezcla de sabores.


A la mañana siguiente despejamos nuestras dudas y dio comienzo una lucha encarnizada contra nuestros amigos roedores que ha durado una semana.


Como en todo conflicto armado, comenzamos primero por la planificación y el avituallamiento. Primero compré legía…. Muchísima legía… No sabéis cuánta… Y colocamos restos de comida de pequeñas dimensiones por la cocina con el objeto de que los ratoncitos entendieran que aquello iba a ser el campo de batalla, y no el salón, el baño o los dormitorios. En segundo lugar, nos hicimos con una buena provisión de ratoneras, pegamentos para roedores y, lo más sofisticado de todo, veneno de acción lenta.


Llegados a ese punto, aparte de que mi cocina parecía Kabul, comencé a pensar si realmente aquello que hacíamos era o no ético. Me sentía como un auténtico soldado Israelí en plena franja de Gaza (que era la lavadora). Estaba claro que yo en aquel conflicto era el bando opresor y los ratoncitos, sin duda alguna ante aquel arsenal, era el pobre pueblo oprimido.


Mis dilemas morales terminaron a la mañana siguiente cuando vi que no quedaba resto alguno de queso en ninguna ratonera, ni en los pegamentos y para colmo, no sólo se habían comido los venenos si no que, encontraron la bolsita con las dosis y se la comieron casi entera.


Entonces pensé: “Venís a mi casa, la invadís, os coméis mi comida, defecáis en mi encimera (y en las estanterías, el sofá y el mueble de la tele…) y, además de eso, os reís en mi cara…. Estáis muertos!”


El combate duró 5 días y sus respectivas noches.


La mañana del 31 de Diciembre de 2011, fecha que quedará para los anales de la historia, vimos al despertar que habíamos ganado aquella batalla. Dos ratones del tamaño de una vaca habían sido apresados y ejecutados durante la noche dando por terminado nuestro conflicto.


Celebramos la victoria derrochando legía y sonrisas por el hogar, sabiendo que aquel día podríamos disfrutar de una tranquila velada con nuestros amigos para festejar el fin de una año, una guerra y una era para los Larios-Artiga.


A las 18:00h de aquel día, mientras veíamos tranquilamente por la televisión como media España se preparaba para recibir el 2012, volvimos a ver un nuevo roedor deambular.


Y llegados a ese punto, con todos los amigos preparados para venir a cenar y la nevera llena de comida un 30% más cara de lo normal, decidí hacer lo que desde un principio tendría que haber hecho…